Implante coclear, la posibilidad de recuperar la audición

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Publicado el 4 de julio de 2012


El implante coclear es uno de los avances científicos, tecnológicos y médicos más relevantes en materia auditiva. Gracias a esta intervención, miles de personas con sordera han recuperado la capacidad de oír, algo impensable hace algunos años.

La sordera no es una afección uniforme. Hay muchos casos distintos de pérdida y deficiencias auditivas, clasificados según diferentes criterios y...

El primer implante coclear se realizó el 25 de febrero de 1957, fecha en que cada año se celebra Día Internacional del Implante Coclear.

La operación consiste en colocar un implante activo, un transductor (conversor de energía) que transforma las señales acústicas en señales eléctricas para estimular el nervio auditivo.

El dispositivo implantado procesa esas señales, que al llegar al cerebro son reconocidas como sonidos. Se produce así la sensación auditiva, mediante la cual el usuario es capaz de percibir información muy cercana a la de la palabra hablada.

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Composición del implante coclear

El implante se compone de partes externas e internas, unidas por un cable y un imán. Las diferentes marcas que fabrican estos dispositivos de alta tecnología pueden variar en ciertos detalles los componentes, aunque el esquema general del implante es análoga en todo el mundo.

Las partes externas son el micrófono, que recoge los sonidos; el procesador, que selecciona los más útiles para comprender el lenguaje; y el transmisor, que envía esos sonidos a las partes internas del dispositivo.

Éstas se integran de un receptor-estimulador instalado detrás del pabellón auricular, en el hueso mastoides; receptor que transmite señales a los electrodos introducidos en la cóclea. Estos electrodos estimulan las células nerviosas auditivas que funcionan, pasando al cerebro a través del nervio auditivo.

La intervención quirúrgica para colocar el implante interno se realiza con anestesia general. Un mes después se colocan los elementos externos, cuyos diseños más modernos presentan forma retroauricular (detrás de la oreja), muy cómoda de llevar. La conexión entre las partes externa e interna del implante se genera a través de una bobina imantada.

La gran calidad tecnológica alcanzada hace que la parte interna del implante dure toda la vida. Expuesta a factores exteriores de desgaste, el dispositivo externo necesita permanente mantenimiento, además de las baterías para su funcionamiento.

¿En qué casos se indica el implante coclear?

Al basar su funcionamiento en el estímulo del nervio auditivo, el implante coclear está indicado para personas con sordera producida por el deterioro de las células del oído interno (células ciliadas de la cóclea). Dicho de otra forma, el implante es una solución para pacientes con cóclea dañada, y no para sorderas provocadas por disfunciones en otras partes del oído. También es fundamental señalar que se trata de una prótesis, no de una curación: las células destruidas no se “recuperan”, sino que se “sustituye” su funcionamiento mediante estímulos artificiales.

Por el elevado costo de la operación, es fundamental la selección rigurosa de las personas que se someterán al implante, sobre todo en países donde la operación es costeada por la Seguridad Social. Para beneficiarse de sus resultados, es requisito padecer sordera profunda o total, con escasa comprensión del lenguaje, y siempre que hayan fracasado tecnologías de mayor practicidad como el audífono. La operación es más exitosa en adultos que posean lenguaje oral y memoria auditiva, ya sea por tener sordera postlocutiva (devenida luego del desarrollo del lenguaje) o por haber oído anteriormente con audífonos.

 Otros importantes beneficiarios de la intervención son los niños menores de tres años que presenten  hipoacusia elevada o sordera total. En esta edad la plasticidad neural propicia los resultados exitosos de la operación. De todos modos, en el caso de los niños con deficiencia auditiva que conviven con padres sordos signantes, la mayoría de los médicos optan por no realizar la operación.  Esto responde en parte a que tras la operación, el paciente (sea niño o adulto) debe contar con un intenso tratamiento logopédico para ser capaz de comprender cabalmente el lenguaje hablado; y en ello es fundamental el esfuerzo del entorno más cercano de la persona implantada.

Categorías : Recursos, Sordera

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